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Hemos visto que la disrupción tecnológica ha generado una incertidumbre de no saber por dónde empezar, cómo integrar lo que ya tenemos y cómo hacernos más ágiles. En nuestro sector falta el gobierno, los actores que den solución a una plataforma integradora. En nuestro sector manda el que primero llega con «datos reales» no sólo de lo que hay que hacer, sino de lo que se está haciendo.

Hemos supuesto muchas cosas. La disrupción está clara, pero no tanto sus efectos. Vamos a abordarlo enseguida. Lo segundo, que ya será en otro post, que cambió es este, el que habla constantemente de la digitalización, ¿No llevamos desde los años 60 desarrollando la transformación digital? La misma distancia entre el primer Ford y la «democratización» del utilitario en los años 60.

La incertidumbre es desazón y rencor

Miremos un poco más arriba, a cualquier sector y organización. Hoy la incertidumbre se mide por el temor a la tecnología. La disrupción que estamos viviendo, destruye más de lo que crea, como siempre, pero, hay algo más. Todo está más caro, todo es ingeniería financiera.

En estos momentos, además, aún no hemos dominado la pandemia. El liderazgo de Estados Unidos se ha perdido en un caos sin límites. Vivimos un momento donde el proteccionismo es la tentación. Aún con todas las reacciones dentro de USA o en Europa el COVID19 ha hecho más evidente la crisis que ha producido la disrupción de la IV Revolución Industrial.

Las voces sobre replantear el capitalismo están presentes en el debate y aún no está claro el cómo. También, en este ambiente de crisis, surgen enfermedades oportunistas en forma de populismos de derechas e izquierdas, de extrema derecha y de extrema izquierda. Más de lo mismo.

Esta transformación digital está generando, como en otras revoluciones industriales, la destrucción de la “vieja economía”, y con ella, empresas, modelos de negocio, puestos de trabajo y parte de la cultura que se apoyo en esos valores.

La culpa es de las máquinas, dicen

Como hace ya más de un siglo, la culpa es de las máquinas:

¿Qué robot se ha llevado mi queso?

Es el sueldo, estúpido

Los desafíos sobre la desaparición del trabajo tenemos que situarlo dentro de dos principios.

  1. El trabajo es intrínsecamente valioso para los individuos y para la sociedad en su conjunto, y debemos buscar para mejorar en lugar de eliminarlo. El trabajo es una actividad humana central, crítica para la autorrealización y cohesión social.
  2. Estamos en un periodo de transición. Esta afirmación proviene de la pérdida de empleos por la automatización como por la integración digital en el resto de empleos. A esto añadimos que se están creando nuevos empleos y que su perfil aún no tiene su reflejo académico y laboral. Estamos en plena transición que hay que cruzar con otras tendencias sociales y políticas.

Esta transición está teñida de negatividad con ciertos datos claros y bien formados. No sólo es que la automatización vaya a dejar sin empleos a la mayoría. Es algo más. En Estados Unidos, por ejemplo, a pesar de cuatro décadas de aumento de la productividad, la experiencia común es la pérdida de poder adquisitivo de los sueldos.

Esta es le verdadera cuestión que produce una incertidumbre negativa. Da igual cuanto trabaje, lo bien que lo haga, que es imposible progresar.

La tecnología se está asimilando a la desigualdad y a trabajos peor pagados. Esta relación entre avances tecnológicos y más desigualdad no es directa, como parece, sino que la creciente productividad no ha tenido un reflejo directo en unos sueldos mejores. La incertidumbre mala nada tiene que ver con la tecnología sino por los sistemas económicos. Todas las sociedades del primer mundo y de las economías emergentes viven estallidos de revueltas sociales y la emergencia de los partidos políticos que representan a las tradiciones más totalitarias de nuestra historia.



MIT. Productividad y sueldos

 

Esto significa que la sensación de que la tecnología empobrece se debe más bien a que ha coincidido con peores sueldos y con un acceso cada vez más encarecido a la educación y a la sanidad.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1973, las ganancias del trabajador típico aumentaron paso a paso con la productividad, las cuales casi se duplicaron en el transcurso de tres décadas. Después de ese tiempo, se separaron. Entre 1973 y 2016, la productividad laboral aumentó en un saludable 75 por ciento, sin embargo, la compensación de los trabajadores aumentó solo en un 12 por ciento, y la compensación del trabajador promedio aumentó sólo un 11 por ciento, La Teoría del Derrame, no sólo ha sido un fracaso, sino una perfecta estupidez. Es crear un sistema basado en la cleptocracia, el «capitalismo de amigotes».

Y lo cierto es que, según el Fondo Monetario Internacional, los efectos de la tecnología, la innovación, es relevante y positiva. En el tiempo ha conseguido una mejora brutal en los medios de vida:

IMF. Tecnología y mejora en los medios de vida

La productividad ha mejorado constantemente

IMF. Productividad. Datos propios

Los cambios han sido dramáticos, como se ilustra en los cambios en la composición sectorial del empleo en el tiempo, por ejemplo, en la agricultura en su paso a la industria, y más recientemente de la industria a los servicios (Se muestra el proceso para los Estados Unidos, pero cambios similares se han ocurrido en otros países).



IMF. Datos propios. Recolocación por la tecnología

En función de la formación el cambio es más visible:

Datos propios. Recolocación por nivel de estudios

No eres el mejor, eres el que más ha podido pagar

Los trabajos mejor pagados dependen de los estudios y estos dependen de una mejor forma de llegar a la financiación.

En Estados Unidos, se ha inoculado la falsa meritocracia. Se ha creído que hay una igualdad de oportunidades cuando no existe ya que sólo se consiguen “méritos” si se tiene una gran capacidad económica para estudiar en centros de calidad.

No es la tecnología, es el sistema neoliberal fracasado

En los países donde la igualdad de oportunidades, una regulación eficaz de los derechos sociales y políticas fiscales redistributivas, estos efectos no se han producido con tanta presión sobre la clase media. En los países donde el neoliberalismo se ha podido desplegar sin límites han fracasado o se han vuelto atrás en sus políticas. Algunos con un tremendo coste social.

El trabajo cambia de tipología hacía la calidad y no a la cantidad, y en esto se han de empeñar las políticas educativas. Esos nuevos trabajos no se van a cubrir con las formas actuales de formación. La tecnología no sólo hace desaparecer trabajos, sino que hace aparecer nuevos que, sin cambios educativos, no se van a cubrir. Estos «nuevos trabajos», serán nuestra próxima aportación al blog,