fbpx

Los sobrecostes y retrasos son la mayor pesadilla en cualquier proyecto de construcción. Aún hoy día el 68% de estos proyectos en el área de edificación comienzan sabiendo que incurrirán en esto.

Dado el poder tecnológico existente en el mercado, es increíble que esto siga incurriendo en un sector que la consultora estadounidense McKenzie identificaba como el segundo sector económico más grande del mundo (2018), tras el “Manufacturing”.

Es en este punto, donde todo agente del mercado dispuesto a resolver el problema y con el plan e iniciativa para hacerlo debe identificar cuál es el factor clave en la operativa de proyectos para evitarlo. El proceso de ejecución de los proyectos es en el que se desarrollan más del 87% de los sobrecostes y el 100% de los retrasos. ¿Cuál es el proceso que alinea la ejecución con la planificación y el correcto diseño esperado por cliente final? El proceso de supervisión.

La inspección en ejecución de obra y sus agentes relacionados componen entre el 3% y el 6% del total de presupuesto de obra. Entendiendo esta magnitud como muy relevante en presupuestos mayores a 100.000€, es claro que el control de ejecución unido a un buen aseguramiento de la calidad es trascendental para poder hablar de un proyecto exitoso de construcción en su finalización.

¿Tiene esto la importancia actual que merece? ¿Cómo se diferencia en distintos tipos de proyectos? Y la mejor pregunta a resolver, ¿cómo puede mejorarse para asegurar el éxito del proyecto?

Estas preguntas se responden muy fácilmente a través de las dos siguientes realidades:

En proyectos pequeños y medianos, aún por digitalizar, el proceso de supervisión sigue siendo totalmente rudimentario.

En la experiencia de prospección de mercado de la startup Checktobuild, se ha identificado que en ese tipo de proyectos, el encargado de obra designado por el agente coordinador del proyecto es quien, periódicamente, se encarga de hacer visita de obra y tomar mediciones de las partes más críticas para él ejecutadas. En ningún caso conseguirá cubrir el 100% de lo realmente ejecutado.

Tras ello, el recurso humano encargado de ello analizará las medidas tomadas y las cruzará con el nivel de certificación de todo área de obra esperado para ese momento y con los acabados esperados para dichas estructuras. 

Una vez analizado, este pondrá en común con los distintos stakeholders del proyecto las conclusiones tomadas de cada visita de obra. La parte encargada de esta tarea suele ser la dirección de obra, normalmente ejecutada por empresas de Project Management o aparejadores y jefes de obra pertenecientes al área de dirección facultativa de alguna empresa involucrada.

Este modo de aseguramiento de calidad y control de avance provoca subjetividad e ineficiencia que se estima cuesta al sector más de mil quinientos millones de euros al año.

Una segunda visión es ese gran proyecto de construcción. Ya digitalizado y con recursos suficientes para implementar cualquier avance tecnológico disponible. En este caso, la experiencia de mercado también muestra que este tipo de proceso de supervisión toma al equipo involucrado, normalmente dirección facultativa o área BIM de la obra, 48 horas. Siguen pasando 48 horas, si se trata de un caso urgente, sino puede alcanzar la semana, desde que se necesita supervisar la ejecución y control de un área de obra hasta que se pueden tomar conclusiones y decisiones al respecto.

Este proceso involucra digitalización. Ello conlleva el uso de una media de 3 herramientas digitales distintas para: Procesar toma de datos, cruzar mediciones y ejecutar comparaciones manuales con lo ideal esperado en términos de avance y ejecución de obra y compartición de información necesaria.

Las ventajas frente al proceso anterior son claras:

  • Mayor precisión, ya que en ningún caso el análisis se hará con cálculos sobre papel o Excel.
  • Resultados informatizados para un seguimiento mejor controlado.

Sin embargo, siguen existiendo inconvenientes anteriores y, además, algo que no se puede permitir la digitalización: Se incorporan nuevos inconvenientes que facilitan el rechazo del sector. Algunos de ellos son:

  • Necesidad de aprendizaje y descargas.
  • Procesado manual en software técnico con necesidad de personal muy cualificado.
  • Inversión adicional al proceso no digitalizado de supervisión, con período de tiempo prolongado hasta ver un beneficio real.

Expuesta esta casuística, es fácil demostrar cómo la digitalización del sector es una necesidad y cómo el “timing” tecnológico es el adecuado para hacerlo. Aún así, el área de innovación también debe hacer un esfuerzo notable por facilitar la transición al sector de una supervisión tradicional a una digitalizada. Son los stakeholders de innovación y las startups quienes deben ser moldeables a los involucrados en estos procesos, quienes serán sus futuros clientes. Por supuesto, siempre y cuando exista predisposición por parte de las direcciones facultativas y de control de obra a hacerlo. 

Un proceso automatizado en el que la toma de decisiones pase de 48 horas a menos de 2, donde el personal y equipos necesarios para ejecutarla estén al alcance transversal del sector y con mayor precisión y confianza es crucial. El sector ya vira hacia a ello y una conciencia de innovación común adaptada a las características culturales del mercado harán que tecnología disruptiva sea común y asequible a todo proyecto de construcción.